miércoles, 8 de julio de 2009

Azúcar! en el campus party

A las 10 de la noche de ayer, Maria del Pilar comenzó su charla sobre el One Laptop per Child, el proyecto de disminución de la brecha digital con la producción de computadores portátiles de 100 dólares. Paulatinamente, me di cuenta que no se trataba del computador sino de Sugar, el sistema operativo con el que se distribyuó inicialmente las OLPC.

Recordé a Carlos Scolari, de quien aprendí sobre la metáfora del escritorio en su libro Hacer Clic. También conocía el proyecto de Alan Kay, el desarrollador del Dynabook el cual es el prototipo que sirvio para la concepción de la OLPC. Si bien en la escuela, ese lenguaje resulta incluso ofensivo (a mi hermana le va mal en sistemas por no usar una hoja de calculo) no menos deja de serlo en el campo de la historia, en particular en lo que se refiere a la programación de bases de datos. Parte de la tarea de formación en nuevas tecnologías para historiadores ha tenido que ver con esa traducción que es necesaria en el lenguaje de oficina. Sin embargo, con palabras como Archivo y Documento, no estamos lejos de la relación de la historia con las estructuras de organización con las cuales ha tenido que trabajar.

De hay que en la integración de historia con nuevos medios, espacios como el Center for History and New Media de la George Mason University, haya necesitado de un equipo multidisciplinar, pero sobre todo creativo. Scribe, un software con los historiadores en mente, ha dado paso a aplicaciones como Omeka o Zotero, dos aplicaciones que toman los desarrollos de Wordpress y Firefox, aplicaciones bajo licencia de software libre.

Uno de los retos de las humanidades digitales es la irse separando de la idea de escritorio, y empezar a imaginar las interfaces con las cuales hacer y aprender historia. En esa medida, sugar, etoys y squeak son herramientas que deben ser pensadas. Con la experiencia del modding, y al ver a artistas trabajando con ingenieros, es evidente que la cuestion no es de dificultad, sino de falta de comunicación. El campus party es un espacio para dialogantes que saben que pueden negociar la creación de objetos híbridos. Esos que quedan por fuera de los ciclos industriales.

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